Pragiola: composición y forma farmacéutica
Las cápsulas duras se fabrican en cinco dosis: 25, 50, 75, 150 y 300 mg de pregabalina. Ese abanico no busca la variedad, sino que la dosis diaria hay que componerla con combinaciones muy distintas: desde 25 mg en la insuficiencia renal hasta 600 mg en el dolor neuropático.
Se toma únicamente por vía oral, con las comidas o al margen de ellas. La dosis diaria se reparte siempre en dos o tres tomas, y esa regla no cambia en ninguna de las indicaciones.
Cómo actúa Pragiola
La diana del medicamento no es la que sugiere su nombre. La pregabalina se une a una subunidad auxiliar —la proteína α2-δ— del canal de calcio dependiente de voltaje en el sistema nervioso central, y los receptores GABA no intervienen, aunque por su estructura química la sustancia siga siendo un derivado del ácido gamma-aminobutírico: el ácido (S)-3-(aminometil)-5-metilhexanoico.
De ahí se deriva todo el lado práctico del fármaco. Apenas se metaboliza: en la orina se elimina en forma de metabolitos menos del 2% de la dosis y el resto sale por el riñón sin modificar. La pregabalina no se une a las proteínas plasmáticas y in vitro no inhibe el metabolismo de otros medicamentos. Por eso interacciones farmacocinéticas prácticamente no tiene, y toda la aritmética de la dosis descansa en el trabajo de los riñones.
Indicaciones
Las indicaciones son tres y proceden de campos distintos de la medicina. La primera es el tratamiento del dolor neuropático de origen periférico y central en adultos. La segunda, el tratamiento de las crisis parciales en adultos dentro de una terapia combinada, se generalicen secundariamente o no.
La tercera indicación es el trastorno de ansiedad generalizada en adultos. Aquí la ficha exige además evaluar con regularidad si el tratamiento debe continuar. En menores de 12 años y en adolescentes de 12 a 17 no se han establecido la seguridad ni la eficacia, y no hay recomendaciones de dosis para ellos.
Modo de empleo y dosificación
El intervalo es común a todas las indicaciones —de 150 a 600 mg al día en dos o tres tomas— y lo que cambia es la velocidad de subida. En el dolor neuropático se empieza con 150 mg al día, a los 3–7 días, según la tolerancia y la respuesta, se sube a 300 mg y, otros 7 días después, si hace falta, se llega a los 600 mg máximos. En la epilepsia la dosis inicial es la misma, pero el paso es más lento: a 300 mg no antes de una semana y a 600 mg una semana más tarde. En el trastorno de ansiedad generalizada los escalones son más: 150 mg, a la semana 300 mg, a la siguiente 450 mg y solo después 600 mg. Interrumpir de golpe no se puede en ninguna indicación: la dosis se baja poco a poco a lo largo de al menos una semana.
Para el riñón la ficha no da una tabla de «leve, moderada, grave», sino un cálculo: el aclaramiento de creatinina en ml/min es igual a 1,23 × [140 − edad en años] × peso en kg, dividido entre la creatinina sérica en µmol/l, y el resultado se multiplica por 0,85 en las mujeres. De esa cifra depende después la dosis. Con un aclaramiento a partir de 60 ml/min la pauta es la habitual: inicio de 150 mg, máximo de 600 mg, dos o tres tomas. De 30 a 60 ml/min, inicio de 75 mg y máximo de 300 mg. De 15 a 30 ml/min, inicio de 25–50 mg y máximo de 150 mg en una o dos tomas. Por debajo de 15 ml/min, inicio de 25 mg y máximo de 75 mg en toma única. La hemodiálisis retira la mitad del fármaco en cuatro horas, de modo que a los pacientes dializados se les añade a la dosis diaria una dosis única justo después de cada sesión: de 25 a 100 mg. Con alteración hepática no hace falta cambiar la dosis, y en las personas mayores suele haber que reducirla, pero también por el riñón.
Contraindicaciones
La contraindicación formal es una: hipersensibilidad a la pregabalina o a cualquier excipiente de la cápsula. Más prohibiciones en ese apartado de la ficha no hay.
Eso no significa que el medicamento pueda recetarse a cualquiera. Todo lo que en otras fichas figuraría como prohibición se ha trasladado aquí a las advertencias: la función renal disminuida no impide el tratamiento pero cambia la dosis; el abuso de fármacos en el pasado, la insuficiencia cardíaca en personas mayores, la lesión medular o el uso simultáneo de opioides son motivos de precaución y vigilancia, no de negativa.
Advertencias especiales y precauciones
El problema más frecuente son los mareos y la somnolencia, que en las personas mayores acaban en caídas y lesiones. Se han descrito además pérdida de conciencia, confusión y trastornos psíquicos, por lo que se aconseja al paciente ser prudente hasta comprender cómo le afecta el fármaco. La influencia sobre la conducción se considera pequeña o moderada, y hasta conocer la propia reacción conviene no volver al volante, a las máquinas ni a un trabajo peligroso.
| Qué se ha observado | Cómo se interpreta |
|---|---|
| Hinchazón de cara, labios o vías respiratorias altas | Signo de angioedema: el medicamento se retira de inmediato |
| Visión borrosa o doble, campo visual reducido | En los ensayos apareció más que con placebo; suele remitir al continuar el tratamiento, y las alteraciones persistentes pueden ceder tras la retirada |
| Aumento de peso en un paciente con diabetes | Puede ser necesario revisar las dosis de los antidiabéticos |
| Disnea y edemas en una persona mayor con cardiopatía | Se han descrito casos de insuficiencia cardíaca congestiva; los síntomas pueden desaparecer al retirar el fármaco |
| Estreñimiento con analgesia opioide | La combinación frena el intestino bajo hasta la obstrucción; la prevención se planifica de antemano |
| Subida de dosis por iniciativa propia, búsqueda del fármaco | Se han descrito abuso, tolerancia y dependencia, sobre todo en quienes ya tienen esa experiencia |
Aparte está la retirada. En algunos pacientes, tras interrumpir tratamientos tanto cortos como largos, aparecieron insomnio, cefalea, náuseas, ansiedad, diarrea, cuadro pseudogripal, nerviosismo, depresión, dolor, sudoración, mareo y convulsiones: un cuadro que apunta a dependencia física, cuya frecuencia y gravedad dependen de la dosis. Al paciente hay que advertírselo antes de empezar, no en el momento de retirar. Las convulsiones, incluidos el estado epiléptico y las crisis de gran mal, son posibles tanto durante el tratamiento como poco después de interrumpirlo. En quienes toman antiepilépticos se han descrito en general ideas y conductas suicidas, y un metaanálisis de ensayos controlados con placebo mostró un pequeño aumento del riesgo que no puede descartarse para la pregabalina. También se ha informado de insuficiencia renal, a veces reversible tras la retirada, y de encefalopatía, sobre todo en personas con enfermedades que predisponen a ella. Los datos sobre pasar al paciente a monoterapia con pregabalina una vez controladas las crisis con la combinación son insuficientes.
Interacciones medicamentosas
Interacciones farmacocinéticas la pregabalina prácticamente no tiene, y eso es raro en un fármaco de uso tan amplio. En estudios in vivo no se encontró influencia clínicamente relevante ni con fenitoína, carbamazepina, ácido valproico, lamotrigina y gabapentina, ni con lorazepam, oxicodona y etanol. El análisis poblacional mostró que sobre el aclaramiento de la pregabalina no influyen los antidiabéticos orales, los diuréticos, la insulina, el fenobarbital, la tiagabina ni el topiramato. Sobre los anticonceptivos orales con noretisterona y etinilestradiol el fármaco tampoco influye, ni ellos sobre él.
El peligro está en otro plano, el farmacodinámico. La pregabalina puede potenciar el efecto del etanol y del lorazepam. En ensayos controlados, su administración repetida junto con oxicodona, lorazepam o etanol no afectó de forma apreciable a la respiración, pero tras la comercialización aparecieron notificaciones de insuficiencia respiratoria y coma en pacientes que la tomaban con otros depresores del sistema nervioso central. Con la oxicodona el efecto parece sumarse tanto en las funciones cognitivas como en la motricidad gruesa. No se han hecho estudios específicos de interacciones farmacodinámicas en voluntarios de edad avanzada, y todas las interacciones se estudiaron solo en adultos.
Embarazo y lactancia
Los datos de uso en embarazadas son insuficientes y los estudios en animales mostraron toxicidad para la reproducción; cuál es el riesgo en las personas se desconoce. Por eso en el embarazo el medicamento no se emplea, salvo que el beneficio esperado para la madre supere con claridad el riesgo para el feto. De esa misma incertidumbre nace un requisito fácil de pasar por alto: las mujeres en edad fértil necesitan un método anticonceptivo eficaz durante el tratamiento.
La pregabalina pasa a la leche materna y su efecto sobre el recién nacido y el lactante se desconoce, de modo que se elige entre interrumpir la lactancia o interrumpir el tratamiento, sopesando el beneficio de cada cosa. Sobre la fertilidad femenina no hay datos clínicos. En varones sanos que tomaron 600 mg al día, a los tres meses la movilidad de los espermatozoides no había cambiado, pero en ratas de ambos sexos se detectó un efecto desfavorable sobre la reproducción y el desarrollo, y el significado clínico de esas observaciones no está claro.
Reacciones adversas
El programa de ensayos abarcó a más de 8900 pacientes tratados con pregabalina, de ellos más de 5600 en estudios doble ciego controlados con placebo. Lo más frecuente fueron mareo y somnolencia; en conjunto las reacciones fueron leves o moderadas. Por acontecimientos adversos abandonaron el tratamiento el 12% de quienes tomaban el fármaco frente al 5% con placebo, y la causa fueron casi siempre ese mismo mareo y esa somnolencia. En pacientes con lesión medular la frecuencia de reacciones, sobre todo del sistema nervioso, resultó mayor, probablemente por la suma de efectos con los demás medicamentos que necesitan.
- Muy frecuentes: mareo, somnolencia, cefalea.
- Frecuentes: ataxia, alteración de la coordinación y del equilibrio, temblor, trastornos del habla, olvidos y deterioro de la memoria, dificultad para concentrarse, parestesias, hipoestesia, sedación, letargo; euforia, confusión, desorientación, irritabilidad, insomnio, descenso de la libido; visión borrosa y doble; vómitos, náuseas, estreñimiento, diarrea, flatulencia, sequedad de boca; aumento del apetito; nasofaringitis.
- Poco frecuentes: síncope, estupor, pérdida de conciencia, mioclonías, discinesia, nistagmo, alteraciones cognitivas; alucinaciones, crisis de pánico, agitación, depresión, agresividad, despersonalización, apatía; reducción del campo visual, disminución de la agudeza visual, dolor y sequedad oculares; taquicardia, bradicardia sinusal, bloqueo auriculoventricular de primer grado, insuficiencia cardíaca congestiva; hipotensión e hipertensión, sofocos; disnea, tos, epistaxis; neutropenia, hipoglucemia, pérdida de apetito.
- Raras: angioedema y reacciones alérgicas, convulsiones, alteración del olfato, disgrafía, pérdida de visión, queratitis, midriasis, prolongación del intervalo QT, arritmia sinusal, edema pulmonar, sensación de opresión en la garganta.
Parte de lo enumerado puede deberse no al fármaco, sino a la enfermedad de base o a otros medicamentos, cosa que la ficha advierte por separado. Arriba figuran las reacciones más frecuentes y más relevantes, no una lista exhaustiva.
Sobredosis
Somnolencia, confusión, agitación e inquietud: eso es lo que más se vio cuando las sobredosis empezaron a notificarse desde la práctica cotidiana. Con menos frecuencia se llegó a las convulsiones y muy rara vez se describió coma.
No existe antídoto específico: el tratamiento se reduce a medidas generales de soporte y, si hace falta, a hemodiálisis. Esta última aquí sí funciona: en cuatro horas desaparece del plasma la mitad del fármaco, y en eso la sobredosis de pregabalina se distingue favorablemente de las intoxicaciones por sustancias muy unidas a proteínas.
Cómo conseguir una receta de Pragiola online
La pregabalina es uno de esos casos en que la dosis no se elige «a ojo»: se calcula a partir de la edad, el peso y la creatinina, y en diálisis se le añade una dosis aparte después de cada sesión. Además el fármaco figura entre aquellos en los que se han descrito abuso y dependencia, y su retirada tiene que ser gradual. Todo ello convierte la prescripción en una decisión médica y no en un trámite.
La consulta online sirve sobre todo para continuar un tratamiento ya ajustado. En el cuestionario se indican la indicación, la dosis actual y el número de tomas al día, la edad y el peso, la última creatinina o el aclaramiento estimado, la diálisis, las enfermedades cardíacas, la diabetes, la lesión medular, los episodios de abuso de fármacos, el embarazo o su planificación y el método anticonceptivo empleado, y también los analgésicos opioides, las benzodiazepinas y otros depresores del sistema nervioso. El médico estudia las respuestas y, si hay base suficiente, emite una receta electrónica que llega como código para la farmacia polaca.
